Y es que a veces como madre corro el riesgo de olvidarlo, los afanes, el trabajo, la comida, la casa impecable, las cosas en su lugar, la clase de música, de natación, la de ballet. Ana me habla como una vieja (así le digo yo), me hace caer en razón, me confronta, me lleva a las carcajadas, al llanto; con sus reflexiones poco viciadas que sin duda son así porque es mi niña, una niña.
Después de tal vez tres meses de antesala se llego el día, el día de conocer a la nueva profe, las nuevas amigas, el colegio nuevo. Ana se levantó temprano, se dejó organizar como pocos días, comió el desayuno sin traumas; e impecable y reluciente con su uniforme blanco estaba lista, la mamá había logrado salir a tiempo (¡Habrase visto antes!). Las recomendaciones e indicaciones estaban dadas, solo faltaba un pequeño tramo para llegar al colegio, había que atravesar el estadio después de un poco de lluvia. Que gran escenario, el día perfecto,

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